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Entre la ciencia y la conspiración: la narrativa del Nuevo Orden Mundial

Las teorías conspirativas han proliferado a lo largo de la historia, pero durante la pandemia por COVID-19 adquirieron una dimensión sin precedentes. Entre ellas, la narrativa del Nuevo Orden Mundial (NOM) ha resurgido con fuerza, vinculándose a la crisis sanitaria y reconfigurando su significado para sembrar miedo y desconfianza en la sociedad.

Los memes fueron esenciales para la propagación de teorías conspirativos durante el confinamiento

La idea de un NOM no es nueva, se remonta a siglos atrás. En su esencia, propone la existencia de un grupo elitista y poderoso que busca establecer un gobierno global único para controlar y dominar a la población mundial. Este grupo, a menudo descrito como formado por financieros, políticos, líderes empresariales y organizaciones internacionales, se presenta como manipulador y controlador, utilizando la economía, la política, la tecnología y los medios de comunicación para alcanzar sus objetivos.

En el contexto de la pandemia, la narrativa del NOM ha sido reinterpretada para vincularla al COVID-19. Los defensores de esta teoría ven en la crisis sanitaria la evidencia definitiva de un plan orquestado por este gobierno global en la sombra, para instaurar un régimen totalitario y controlar a la población mundial.

Fake news basadas en esta distopía conspirativa

Una de las fake news más difundidas durante la pandemia indicaba que las vacunas contra el COVID-19 contenían microchips implantados por Bill Gates para rastrear y controlar a la población. Esta teoría conspirativa se basó en una mala interpretación de una charla de Gates en la que mencionaba la posibilidad de usar tatuajes digitales para almacenar registros médicos. La idea de microchips en las vacunas fue desmentida por expertos en salud pública y tecnología, y no hay evidencia científica que la respalde.

Otra fake news que circuló ampliamente fue la asociación entre las redes 5G y la propagación del COVID-19. Esta teoría sin fundamento se basó en la idea de que las ondas de radio 5G podían debilitar el sistema inmunológico y hacer que las personas fueran más susceptibles al virus. Sin embargo, no hay evidencia científica que apoye esta afirmación, y las organizaciones de salud pública como la OMS han desmentido categóricamente esta teoría.

Algunos defensores de la teoría del NOM negaron por completo la existencia del COVID-19 o lo minimizaron como una simple gripe. Un negacionismo a menudo se basabo en información falsa o tergiversada, que promovía la idea de que las medidas de salud pública, como el uso de mascarillas y el distanciamiento social, eran innecesarias o incluso dañinas.

Este grupo también ha cuestionado la veracidad de las cifras oficiales de contagios y muertes por COVID-19, acusando a gobiernos y organizaciones internacionales de manipular los datos para generar miedo y controlar a la población. Estas acusaciones no solo carecían de fundamentos, sino que también obstaculizaron los esfuerzos para combatir la pandemia al sembrar desconfianza en las instituciones responsables de la gestión de la crisis.

Ciencia vs. conspiración: entre la crítica y la responsabilidad

Es importante reconocer que las teorías conspirativas como el NOM, al igual que cualquier otra expresión de la cultura popular, reflejan las preocupaciones y los miedos de una sociedad en un momento determinado. Estas visiones distópicas esconden malestar social y desconfianza en las instituciones y figuras de poder. Además, la pandemia exacerbó las desigualdades sociales, económicas y políticas, lo que fue caldo de cultivo para el resurgimiento de teorías conspirativas en general. Y la narrativa del NOM se convirtió en un mecanismo para explicar y dar sentido al caos, al mismo tiempo que sirvió como herramienta para criticar a los poderes establecidos.

Sin embargo, es fundamental ser críticos con estos discursos y no dejarse llevar por el alarmismo y la desinformación. La responsabilidad recae en todos nosotros: en los científicos, en los comunicadores, en las autoridades y en la ciudadanía en general, para promover el pensamiento crítico, el diálogo abierto y la búsqueda de la verdad basada en la evidencia.

1 comentario en “Entre la ciencia y la conspiración: la narrativa del Nuevo Orden Mundial”

  1. El gobierno(asociación de reinos) utiliza las virtudes y defectos, verdades y mentiras, bien y mal, como instrumentos de control. Los rebaños son arreados hacia su respectivo carril por su pastor de turno.

    El poder de la fe del creyente es endeble porque pone toda su esperanza en símbolos que pueden comerciarse, robarse, adeudarse, perderse, confundirse, esconderse, degradarse y romperse.
    El creyente es en realidad un huérfano de su propia consciencia.

    La consciencia o Dios, son símbolos utilizados también como instrumentos programables de control.

    Una vez programado un circuito cerrado, sea en una palabra, ideología, artefacto o sistema, tanto el inicio como el fin ya se encuentran prestableblecidos y se convierte en un artefacto autónomo. Las innumerables variantes que suceden entre esos dos puntos, son anecdóticas. Por lo cual, la incertidumbre es una combinación de lógicas booleanas que aparentan aleatoriedad y posibilidad de elección. De una causa, surgen múltiples efectos nombrados de diferentes formas, de la misma manera que en las crisis sociales o enfermedades físicas y mentales.

    El teatro de realidad es escrito mediante ficciones fantásticas, legales y técnicas. El actor no va a dónde quiere, es dirigido por un guión que lo habilita a cometer fallos sostenidos por su protocolo de acción, que diluye ilusoriamente su responsabilidad en la lógica de la supervivencia, velando todo lo esencial y trascendente.

    Es muy sencillo distinguir a las personas con consciencia de las inconscientes que aún con sus ojos abiertos, aparentan estar despiertos.

    Un creyente, cree que ama, y se ve sujeto a su límite, como a su propia conciencia como amo de su realidad. Todo es perfecto bajo lo escrito, pero no lo es desde el principio evolutivo de la consciencia.

    Afortunadamente existe la muerte, y con ella se desvanecen todas las apariencias.

    Si no existiera el fin de la estupidez, no se aprendería nada.

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