Desde la infancia, la comunicación ha sido mi brújula vital. Esa chispa por transmitir ideas, compartir conocimiento y conectar con los demás es la que me ha guiado siempre, por caminos diversos. La comunicación me impulsó a graduarme en Comunicación Audiovisual. Me motivó a continuar mi práctica profesional en diversos equipos periodísticos. Me llevó a la producción cinematográfica. Me inspiró a escribir guiones. Me trasladó a Madrid para perfeccionarme en el ámbito digital y me presentó posibilidades, antes por mí impensables, en departamentos de marketing.
Sin embargo, no fue hasta el Máster en Análisis Sociocultural del Conocimiento y la Comunicación —cursado el 2020 en la Universidad Complutense de Madrid—, específicamente, cuando descubrí el trabajo de Donna Haraway, que la ciencia se abrió ante mí como un mundo fascinante en el que deseaba involucrarme plenamente.
Las ideas de Haraway sobre la intersección entre la ciencia, la tecnología y la sociedad resonaron profundamente en mí. Su epistemología cryborg feminista, con enfoque en la ciencia como una práctica social, moldeada por valores culturales y políticos, cambió mi percepción de lo que significaba ser un comunicadora en el ámbito científico.

De repente, la ciencia dejó de ser solo un conjunto de hechos y teorías abstractas, y se convirtió en una narrativa compleja y dinámica que reflejaba las tensiones y los desafíos de nuestra época. Y fue en ese momento que mi vocación como comunicadora científica se hizo clara para mí. Me di cuenta de que quería ser parte de ese diálogo, utilizando la creatividad y mis communication skills para ayudar a traducir la ciencia en historias accesibles y significativas para el público.
Desde entonces, he estado trabajando diligentemente para alcanzar este objetivo. He buscado la manera de aprender más sobre la comunicación científica, asistiendo a talleres, conferencias y cursos especializados en el tema. También estoy cursando un doctorado con una tesis sobre la comunicación de las ciencias de la salud en España y Bolivia, tomando como eje temporal la pandemia por COVID-19. Esta investigación representa el siguiente paso en mi viaje hacia la comunicación científica.
Es así como voy descubriendo un sinfín de posibilidades para traducir y acercar el conocimiento científico al público. Desde la creación de documentales flipantes hasta el desarrollo de aplicaciones educativas interactivas, voy conociendo innumerables alternativas para hacer que la ciencia sea más accesible, comprensible e interesante.

Me emociona la posibilidad de seguir aprendiendo, creciendo y contribuyendo a este campo en los años venideros. Para mí, investigación y práctica son dos caras de la misma moneda. La primera me brinda conocimiento, la segunda me permite aplicarlo y generar un impacto tangible en la sociedad.
Para mí, investigación y práctica son dos caras de la misma moneda.
Hoy por hoy, me siento especialmente atraída por el poder de la narración audiovisual en la comunicación científica de la salud. Al tejer historias en torno a los avances médicos, no solo informamos al público sobre temas relevantes, sino también despertamos su curiosidad y encendemos la esperanza en un futuro más saludable para la humanidad.
En esencia, mi historia personal se resume en un gran sueño: lograr combinar la pasión por la comunicación con mi fascinación por la ciencia y su investigación, creando contenido que eduque, inspire y entretenga a las personas. Reconozco que aún me falta un paso crucial, como bien lo ilustra Pere Estupinyà en su artículo: la audacia de tocar puertas, de aterrizar en bandejas de entrada y de explorar cada avenida posible para acercarme a la gran oportunidad de mi carrera.
